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Estrés: una respuesta del organismo

19 de Diciembre, 2018 | por Santiago Buompadre, psicólogo clínico y profesor de yoga
Ante una emergencia, un cambio o una situación amenazante, el organismo reacciona y da una respuesta al estrés. Ahora, ¿qué pasa cuando el sistema comienza a fallar? ¿Qué podemos hacer para no vivir estresados?

Los principales sistemas del cuerpo trabajan juntos para proporcionar una de las defensas más poderosas y sofisticadas del organismo humano: la respuesta al estrés, también conocida como la respuesta de lucha o huida. La respuesta al estrés nos ayuda a reaccionar ante una emergencia y hacer frente al cambio. Para lograrlo, actúan en conjunto el cerebro, las glándulas, las hormonas, el sistema inmunológico, el corazón, la sangre y los pulmones.

Ya sea que tengamos que luchar, mantenernos firmes, aferrarnos a la seguridad o concentrarnos en una tarea, la respuesta al estrés proporciona las herramientas: energía, oxígeno, potencia muscular, combustible, resistencia al dolor, agudeza mental y un baluarte temporal contra infecciones. Todo en un momento que es percibido como una demanda.

De ahí la variedad de enfermedades que pueden surgir cuando nos estresamos de modo crónico y el sistema de respuesta empieza a fallar. Pero es importante decirlo, causar enfermedad no es la función de la respuesta al estrés sino que la respuesta de lucha o huida evolucionó con la misión principal de garantizar nuestra seguridad y supervivencia.

Es un sistema poderoso, una resistencia dinámica que agudiza nuestra atención y moviliza nuestros cuerpos para hacer frente a situaciones amenazantes, y que luego regresa a la línea de base, generalmente sin efectos adversos. Solo cuando está abrumado o descarrilado, el sistema de respuesta al estrés comienza a causar enfermedades.

El estrés protege en condiciones agudas, pero cuando se activa de forma crónica puede causar daños y acelerar la enfermedad. Aunque el estrés en el sentido de eventos desafiantes es inevitable hasta cierto punto, sí es evitable vivir estresado. No es inevitable ni normal que el sistema diseñado para protegernos se convierta en una amenaza en sí mismo.

Los tiempos difíciles y los horarios agitados no son la única fuente de estrés. Las malas elecciones de estilo de vida también pueden inclinar el eje hipotálamo hipófisis suprarrenal (el sistema neuroendócrino encargado de la respuesta de estrés) y aumentar los niveles de cortisol (la principal -junto con la adrenalina- de las hormonas del estrés), incluso si no se está preocupado conscientemente por nada. Y si uno se encuentra en un estado de crisis, las técnicas de afrontamiento que se elijan pueden tener efectos biológicos tan nocivos como las consecuencias del estrés crónico.

Para mantener este sistema funcionando en el extremo protector del espectro, los pasos más efectivos que se pueden tomar son los más simples. ¡A registrarlos e incorporarlos a la vida cotidiana!

  • Ejercicio: 150 minutos por semana de ejercicio de exigencia moderada. Puede ser caminata, yoga, Tai Chi.
  • Dieta saludable: baja en grasas, alta en frutas y verduras.
  • Sueño: es fundamental asegurarse un descanso reparador.
  • Alcohol: consumo de moderado a mínimo.
  • Tabaco: no fumar.

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