Interés General

Ser sustentables

02 de Enero, 2019 | por Lula Moreno
¿Qué mundo queremos? ¿Cuál es nuestro aporte a una sociedad más justa? ¿Cómo podemos vivir en armonía con el planeta? Si deseamos que el mundo sea más habitable para todos, es necesario hacernos estas preguntas. La semilla de la transformación está en cada uno de nosotros. Pensar, ser y actuar de forma sustentable pueden ser un hecho. ¿Te animás?
Arte: Ignacio Rivas @ignaciorivasart

Comunidades desplazadas a causa del cambio climático, pérdida de la biodiversidad, suelos desertificados, escasez de agua dulce, contaminación de ríos y mares. Todas estas situaciones son producto de una sola especie: la humana. Es evidente que a este ritmo vamos camino a un punto sin retorno. Detenete. Respirá profundo y pensá un instante si este es el mundo que deseás para vos y para las próximas generaciones. Convencete de algo: tenemos el poder de cambiar el rumbo.

Hablar de sustentabilidad implica reflexionar sobre todos estos temas. Preguntarnos cómo nos relacionamos con el ambiente, cómo tratamos a los animales y a la naturaleza, cómo son nuestros hábitos de consumo, qué impacto generan las empresas con su producción, qué tipo de vínculos establecemos con las personas y cómo nos tratamos a nosotros mismos. Es que la sustentabilidad atraviesa la vida en todas sus dimensiones: en lo económico, lo ambiental, lo social, lo político y lo cultural.

Podríamos decir que la sustentabilidad viene a plantear un cambio de paradigma, es decir, siguiendo a Thomas Kuhn, físico y filósofo estadounidense, un nuevo modelo, nuevas suposiciones, conceptos, valores y ojos con los que miramos las cosas.

Fue en 1987 cuando apareció por primera vez el término desarrollo sustentable en un texto publicado con motivo de la preparación para la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, realizada en Río de Janeiro, en 1992. A partir del informe “Nuestro Futuro Común” la categoría se hizo conocida mundialmente.

Desde esta perspectiva, la sustentabilidad refiere al equilibrio que existe entre la relación del hombre y los recursos del medio al cual pertenece. Esto implica cumplir con las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las futuras de satisfacer sus propias necesidades. A partir de esta conferencia comenzó a visibilizarse la importancia de esta temática y así se crearon decenas de consejos consultivos, organismos, asociaciones e investigaciones relacionadas con la sustentabilidad.

Hoy, si bien cada ámbito pone foco en determinados aspectos de la sustentabilidad, hay un suelo común con el que todos acuerdan: tenemos que cambiar la manera de hacer las cosas si queremos seguir existiendo. ¿Por dónde empezamos?

Sustentar desde adentro hacia afuera

“Ser sustentable nace y crece desde el interior de las personas. Hay una frase que lo resume y está en todas las tradiciones espirituales: Conócete a ti mismo”, dice Margarita Carlés, cofundadora de la Asociación Va de Vuelta y directora de Mayma, organización que impulsa emprendimientos de impacto social, ambiental y económico. “Necesitamos trabajar sobre nuestras sombras, mirarlas, sanarlas e integrarlas. De allí vendrá más conexión con nosotros mismos, con el otro, con el planeta, para pasar a la acción”, opina. Por eso, si queremos ver cambios en el afuera tenemos que empezar por mirar qué pasa adentro.

Para muchos que eligieron materializar la sustentabilidad en sus vidas, la motivación surgió de una búsqueda interna de coherencia vinculada a una toma de conciencia. Tal es el caso de Angie Ferrazzini, fundadora de la red de mercados Sabe la Tierra. “Mi interés apareció cuando fui madre. Ahí realmente tomé conciencia de que quería educar a mis hijos desde el ser y el hacer. Ser el cambio que quiero ver en el mundo y colaborar en dejarles un mejor planeta del que encontraron”. Algo similar opina Federica Abella, representante de Human Camp en Uruguay (una experiencia inspiracional y vivencial que buscar transformar el liderazgo en las organizaciones) quien destaca que el interés por la sustentabilidad comenzó a partir de “vivir experiencias de transformación personal aprendiendo de la sabiduría de la cultura de los pueblos originarios”. Y también María Victoria Pereira, abogada ambiental, emprendedora y directora de Ecomanía Uruguay para quien “la sustentabilidad es un modo de vida que pasa por la coherencia que se necesita en este mundo para alinearse con la Tierra. Requiere de un compromiso personal para no caer en algo pasajero ni oportunista. Por eso, sin espiritualidad no hay sustentabilidad”.

 La sustentabilidad como integración

Para una sociedad, sustentabilidad también significa la existencia de condiciones económicas, ecológicas, sociales y políticas que permitan su funcionamiento de forma armónica a lo largo del tiempo y del espacio. En el tiempo, la armonía debe darse entre las generaciones actuales y las venideras; en el espacio, la armonía debe generarse entre los diferentes sectores sociales, entre las personas y entre la población con su ambiente.

“No puede haber sustentabilidad en una sociedad cuando la riqueza de un sector se logra a costa de la pobreza del otro, cuando unos grupos reprimen a otros, cuando se están destruyendo o terminando los bienes de la naturaleza o cuando el hombre ejerce diversos grados de explotación, violencia y marginación contra la mujer. Tampoco podrá haber sustentabilidad en un mundo que tenga comunidades, países o regiones que no sean sustentables. La sustentabilidad debe ser global, regional, local e individual y debe darse en el campo ecológico, económico, social y político”, explica Patricio Velez Troitiño, coordinador de 30 Manzanas Verdes, un programa de educación ambiental de la organización Amartya.

¿Cómo alcanzar esa permanencia en el tiempo y el espacio? “Para llevar adelante la sustentabilidad es necesaria la integración de la sociedad, las empresas y el gobierno”, opina Pedro Tarak, cofundador de Sistema B, empresas con impacto social, ambiental y económico. Desde su perspectiva, la vida -en todas sus formas- debe estar en el centro de todas las decisiones y el ser humano es parte de la vida. Para eso, cada una de nuestras elecciones debe pasar por una pregunta filtro: ¿para qué? Y las empresas también deben cuestionarse su existencia. En este sentido, Margarita Carlés piensa que “hay una creencia de que se puede seguir igual que hace 30 años. Eso ya fue, no hay tiempo ni recursos para seguir haciendo plata a costa del planeta y las personas”.

 “El ADN de las empresas está cambiando porque los modelos que conocemos no están dando resultados. En vez de perseguir el lucro como fin pasan a tener una solución social y ambiental como propósito. Es importante entender que las soluciones vienen con los otros porque estamos interconectados y somos interdependientes. Las decisiones tienen que permitir reducir la inequidad y frenar la devastación de los sistemas de producción de vida”, dice Tarak.

Un problema de intereses

El teólogo y ecologista brasileño Leonardo Boff, en su libro “Una ética de la Madre Tierra”, plantea que el gran reto de la sustentabilidad es superar la cultura del capital a la que define como “absolutamente materialista, individualista y productora de injusticias sociales y ecológicas”. Se trata de un imperativo ético. Para lograrlo, enumera tres categorías necesarias: el cuidado, que es la esencia de todos los seres vivos; la corresponsabilidad colectiva por el futuro de la naturaleza y la compasión, que consiste en sentir la pasión del otro, respetarlo, no invadirlo, pero al mismo tiempo, no dejarlo solo.

“Todos somos ecodependientes. Participamos de una comunidad de intereses con los demás seres vivos que comparten con nosotros la biosfera. El interés común básico es mantener las condiciones para la continuidad de la vida y de la propia Tierra. Es la meta última de la sustentabilidad”, reflexiona Boff.

Cada vez son más las personas que eligen este paradigma como modo de vida. Aquí no hay fórmulas ni recetas. Lo que sí queda claro es que para caminar hacia la sustentabilidad es necesario dejar de pensar solo en el interés individual para priorizar el interés colectivo. Quizás este sea el mayor obstáculo y desafío.

“Desde la cuestión pública creo que se necesita mucho más sentido de la urgencia social y ambiental, más compromiso, empatía y gestión. También hay algo cultural, de miserabilidad. Hace poco me preguntaron por dónde viene la solución a la pobreza. Creo que las soluciones ya están a la vista en el mundo entero, falta simplemente llevarlas a cabo desde el gobierno y desde cada individuo”, opina Margarita Carlés.

Para lograr que la sustentabilidad sea una realidad, el trabajo debe ser ecosistémico, a través de alianzas y articulaciones que generen transformaciones de manera colectiva.

Volver a la Madre Tierra

“Sustentabilidad significa recuperar la dignidad humana para vivir del propio trabajo, el cuidado de la naturaleza -la Pachamama sagrada- poniendo en valor la cultura de nuestros ancestros. Ser sustentable significa ser digno”, explica René Calpanchay, uno de los fundadores de Pueblos Originales, un proyecto que se inspira en los tres pilares de la sabiduría ancestral –ver, sentir y pensar– para ofrecer experiencias turísticas en la Puna argentina donde los viajeros se involucren en los trabajos e historias de vida de los lugareños.

De esta forma promueven la sustentabilidad a través de acciones concretas que apuestan a un nuevo modelo de desarrollo, un “desarrollo sagrado” en donde una cultura no se impone sobre la otra y donde no hay crecimiento individual o sectorial sino prosperidad social que garantiza la equidad.

Otro de los impactos tiene que ver con la relación con la Pachamama (Madre Tierra). “Esto nos lleva a recuperar un paradigma ético que es el cuidado. Dejar de competir y empezar a cuidar. Y si entre todos cuidamos la Pachamama se va a dar el equilibrio para que se pueda generar la vida”, dice René.

Pensar, sentir y hacer para ser sustentables

¿Cómo ser sustentables? ¿Cómo vivir ese cambio en nuestra vida cotidiana? “Empecemos por ser coherentes. Por hacer, sentir, pensar y decir en la misma dirección, y que esa dirección, ese norte, sea solidario”, plantea María Victoria Pereira. “Necesitamos hacer un click de conciencia, salir de la zona de confort y mirar a nuestro alrededor”, señala Federica Abella. “Hay que dejar de trabajar en función del yo y trabajar en complementariedad y en comunidad, donde todos ganamos y no solo unos pocos. Así vamos a poder asegurar la vida en la Tierra”, sostiene René Calpanchay.

Es momento de rever nuestras prácticas cotidianas para encontrar allí una posibilidad de aprendizaje y crecimiento. Romper modelos establecidos, incomodarnos y animarnos a ver con ojos nuevos. “Hay que tomar conciencia y cambiar hábitos de vida y de consumo. Respetar la naturaleza, hacernos cargo de la basura que generamos, cuidar nuestro barrio, nuestra ciudad. Liderar acciones que colaboren con el planeta y contagiar a otros. Cuidar los recursos no renovables. Pequeños hábitos diarios pueden colaborar y mucho. La coherencia ante todo. De nada sirve decir, si no accionamos o no ponemos en práctica lo que decimos”, expresa Angie Ferrazzini.

Es momento de encontrarnos con el otro para trabajar por el bien común, para que sabiéndonos parte de un todo construyamos juntos ese mundo que tanto queremos. Hagámonos cargo y seamos cada vez más responsables, estemos en el lugar que estemos. Eso, sin dudas, generará un efecto contagioso imposible de parar.

Necesitamos mirar y actuar sobre el mundo de un modo distinto. Mirar la sustentabilidad nos arroja algunas pistas para hacerlo posible. Por eso, ser sustentable es un acto revolucionario que implica abrir la cabeza, el corazón y el espíritu para construir un mundo en armonía con todas las especies del planeta, por nosotros y las generaciones futuras.

Es necesario entender que la sustentabilidad es una forma de mirar, pensar y transformar el mundo. Es un error creer que no podemos hacer nada al respecto. Al contrario, en cualquier lugar que estemos tenemos el potencial de ser agentes de cambio. Si no sabemos cómo, empecemos por formularnos preguntas: ¿Para qué estamos? ¿Cuál es nuestro propósito? ¿Qué sueños tenemos? ¿Qué valores queremos abrazar? Es muy probable que en esas respuestas esté la clave para el cambio.

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Expandir la conciencia para construir un mundo mejor

Por Boy Olmi, actor y director de cine

En la dinámica de la vida donde todo el tiempo las células se van perdiendo y renovando, la sustentabilidad es un sistema al que tenemos que acceder por la emergencia que atraviesa la humanidad para que vivamos en equilibrio sin destruir más de lo que podemos regenerar.

Mi interés por este tema viene desde la infancia, de mi relación con el ambiente, al mirar las estrellas y preguntarme qué hay más allá. Se intensificó a lo largo de estas últimas décadas donde es evidente que tenemos que revisar muchas de nuestras prácticas para poder seguir viviendo en armonía con esa naturaleza de la que somos parte. Creo que empezar por uno es la manera de hacer el cambio que proponemos para los demás. No siempre es fácil, pero poner una intención en eso ya es parte del camino.

Desde mi lugar, intento que con mis herramientas artísticas y de comunicación, los contenidos lleguen a la mayor cantidad de personas para expandir conciencia y, por lo tanto, tomar acción al respecto. El arte es fundamental porque es la llave que abre la puerta de la emoción. Y cuando la información viene montada sobre la emoción es cuando realmente estamos dispuestos a cambiar algo.

El principal obstáculo que encuentro es la limitación espiritual de la especie humana con elementos tan visibles como la ambición, la codicia, el egoísmo y el temor a abrir el corazón, a compartir, a pensar en el otro. Por eso insisto en que nuestro crecimiento debe ser espiritual. Necesitamos realmente asumir que somos parte de un solo ser vivo que es la especie humana, que a su vez tiene que vivir en armonía con todos los otros seres vivos. Si logramos eso ya no pensaremos en cuidarnos a nosotros mismos sino que empezaremos a cuidar todo lo que nos rodea en términos de vida y podremos regenerar el daño que hacemos para así estar mucho más cerca de ser sustentables como sociedad.

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Seamos disruptivos

Por Sergio Elguezábal, periodista @vascoverde

La sustentabilidad es aprender a vivir en armonía con el ambiente, con el resto de las especies y entre nosotros. Es imposible pensar en una sociedad sustentable que no tenga en cuenta al otro. Sustentabilidad implica inclusión. Que podamos creer que el mayor grado de libertad lo vamos a lograr cuando entendamos que es necesario incluir a todas las personas. Cuando podamos entender que el cambio es colectivo o no lo es. Es disruptivo o no lo será. Implica además un compromiso de todos, un compromiso general pero muy a fondo. Y estar abierto: abrir la cabeza, el corazón, el espíritu y el alma para entender que el camino es nuevo, es diferente y necesita ser diseñado por todos.

Necesitamos ser disruptivos, hacerlo de nuevo y diferente. Los modelos políticos, institucionales y económicos actuales no son sustentables. No lo son porque fueron diseñados en otra época donde la sustentabilidad no era la meta. Por lo tanto, necesitamos cocrear, transformar, rediseñar. Los tiempos de la transición se agotan.

Desde mi trabajo, intentamos ser sostenibles en todo lo que hacemos. Que ese círculo sea virtuoso. En el equipo de trabajo internamente tenemos que cumplir, primeros que nadie, lo que tiene que ver con la sustentabilidad: tratarnos bien, tener buenos vínculos, ahorrar papel, no desperdiciar comida, separar la basura, ser agentes de cambio en los ámbitos donde nos desarrollamos. Este es un tiempo en el que hace falta que todos estemos activos en el campo en el que sea para establecer cambios disruptivos. Me parece muy importante comprender para movilizar y transformarnos. Promover la sustentabilidad desde adentro hacia afuera es imprescindible.

 

 


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