Cultura

Dibujos que cuentan historias

02 de Enero, 2019 | por Inés Roy
Ivanke y Mey, ilustradores y docentes argentinos, decidieron darle vida a un sueño: hacer talleres de arte con niños y niñas de todo el mundo. Así nació Pequeños Grandes Mundos, un proyecto que ya pasó por 32 países y del que participaron más de 10 mil chicos y chicas.
Fotos: Sofía Nicolini Llosa

“A veces hay cosas que no sé cómo decir, entonces las dibujo”, “Las cosas que dibujo salen de mi corazón, mis dibujos son como mis sueños”, “Estás en un mundo donde podés hacer lo que quieras”. Estas son las palabras de Malena, Isaack y Nina, tres niños que viven en tres rincones del mundo, Japón, Tanzania y Argentina y que sin embargo disfrutan de lo mismo: jugar, dibujar y crear. Tres niños que Ivanke y Mey conocieron durante el camino que empezó a recorrer Pequeños Grandes Mundos en el año 2013.

“El proyecto nació de las ganas de generar talleres de arte, espacios creativos para chicos que por su contexto no tienen esa posibilidad; de las ganas de ver, compartir y conocer la mirada de los chicos de muchos lugares del mundo sobre sus sueños, sus miedos, sus deseos, juegos e inquietudes. Qué piensan del amor, la familia, la guerra, el futuro; cómo se ven a sí mismos y a su comunidad”, cuenta Ivanke.

Comenzaron en Argentina y fueron subiendo por Latinoamérica hasta llegar a Europa, Asia y África. Recorrieron 32 países en dos años. Los talleres se realizaron en todo tipo de espacios: desde escuelas, orfanatos, hospitales de niños, bibliotecas y lugares públicos, hasta comunidades de pueblos originarios, aldeas en el Amazonas, tribus remotas en Etiopía y escuelas de monjes budistas en Nepal. También se hicieron en grandes ciudades cosmopolitas como París y Berlín y en Turquía, donde se encontraron con niños refugiados de Siria, Irak y Afganistán. “Queríamos estar con todos esos chicos y chicas que viven en el campo, la montaña, la selva, el desierto, la ciudad. Al principio parecía un sueño imposible de realizar pero con trabajo, amor y ayuda de muchísima gente pudimos llevarlo adelante”, cuentan.

Así fueron proponiendo diversas actividades artísticas gratuitas en cada lugar al que llegaban: autorretratos, creación de superhéroes y guardianes locales, dibujos de los sueños individuales y colectivos, de los deseos a futuro. “La idea era que a través de los talleres los chicos y chicas cuenten quiénes son, cómo es su comunidad, cómo viven, lo que sienten, lo que les gustaría cambiar”.

Al mismo tiempo, estaba la búsqueda por generar un poco más de empatía entre niños y niñas de diferentes lugares y culturas para expandir su percepción sobre sí mismos y sobre el mundo que los rodea. “Hay chicos que, si tienen la suerte de poder acceder a bienes culturales, consumen las mismas películas, dibujos animados o juegos en red pero por ahí saben muy poco los unos de los otros”, comenta Ivanke.

“Dibujar es jugar, es entrar a un nuevo mundo donde todo es posible, es entrar en otra dimensión donde vale todo y me siento libre, nos decían los niños y niñas. Eso nos terminó de convencer de que el dibujo, como toda expresión artística, es importante durante toda la vida y más que nunca en la infancia. No importa la técnica, el realismo o fidelidad al objeto, sino poder comunicar y contar algo a través de ese dibujo, expresar una idea, un sentimiento”.

Ivanke y Mey se sienten unos privilegiados por vivir estas experiencias y están sumamente agradecidos. Cuentan que siempre fueron muy bien recibidos por los niños y niñas de los distintos lugares. “Ellos enseguida detectan cuando uno va abierto y con ganas de compartir y jugar, cuando hay un adulto que los respeta, los escucha y valora”. También destacan la hospitalidad de los adultos de todos los países del mundo en los que estuvieron. “Nos han recibido en casas de familia, dormimos en muchísimos lugares diferentes, nos llenaron de regalos. En muchas ocasiones el mundo es complicado, injusto y violento, pero también hay otra parte para ver que es la del amor y la empatía”.

Después de andar y compartir con comunidades tan diversas, ¿qué tienen en común un niño de Nepal, con uno de Guatemala, otro de España y otro de Kenia? “Incluso viviendo vidas y realidades muy diferentes, los niños tienen algo en común y es que todos disfrutan de jugar. El arte es una herramienta para poder expresarnos y más allá de las diferencias de color de piel, religión, situación económica, lo importante son esos niños y niñas que hay que cuidar y brindarles un espacio de juego. Porque para ellos jugar es tan vital como el aire que respiran”.

Mirá más historias, seguí sus viajes y talleres en www.facebook.com/littlebigworlds y www.pequeniosgrandesmundos.org

 


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