Cultura

Haroshi: arte sobre ruedas

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04 de Octubre, 2016 | por Paloma Sirvén
El artista japonés que recicla viejos skates y los convierte en obras de arte. Deporte, arte y sustentabilidad.

"Me di cuenta que el potencial del skateboarding no conoce límites", explica Haroshi sobre el origen de su obra. Fue en 1993, cuando vio un video que mostraba diferentes trucos nunca antes vistos que innovaron y sorprendieron en la escena del skate. Lo impactó de tal manera que impulsó su trabajo hacía allí.

¿Cómo? Decidiéndose a hacer algo con su cementerio de patinetas destruidas, resucitándolas en grandes esculturas. Haroshi no es un simple escultor, es además un apasionado por este deporte, lo que hace que entienda el lenguaje de cada patineta y conozca la historia que hay detrás de cada una de ellas. Trata de recordar la manera en la que se rompieron, los lugares por donde anduvo y las formas que tienen. Carga la escultura de la mística del sacrificio del skate, las heridas, la recuperación, la obsesión, la perseverancia y el crecimiento.

¿Cómo trabaja? Sólo se vale de sus propias patinetas. Ni más ni menos. Sus creaciones nacen a través de estilos como el mosaico de madera, puntos y píxeles. Para la realización de cada obra, el artista apila varias capas de cubiertas de skate aprovechando la variedad de los modelos. Las ruedas le sirven al artista como ocasionales elementos para aportar detalles e incluso aprovecha la lija que flanquea los extremos de la tabla para trabajar imperfecciones. No agrega colores ni pigmentos a la materia prima y permite que los tonos del contrachapado compongan la paleta de sus trabajos. Se permite, incluso, ocultar pequeños objetos en el interior de las obras siguiendo la técnica japonesa tradicional de los artistas que en la antigüedad esculpían figuras de Buda.

Escultura en movimiento

Más allá de reutilizar lo que parecía que ya no iba a tener vida, la obra de Haroshi tiene algo muy particular. Su material no son maderas que alguna vez fueron piso, no son cajas donde antes se guardaban cosas, no son muebles. Justamente, lo que usa para crear es algo que siempre estuvo en movimiento, como es una patineta. Pensemos el recorrido que pudo haber tenido, los lugares por lo que pasó, los pies de Haroshi sobre ella, las maniobras y las caídas. Las esculturas de este artista respiran vida por donde se las mire. Tienen energía acumulada y nos invitan al movimiento, a la acción, a patinar un poco en nuestras cabezas, dejar que el viento nos pegue en la cara y que esa brisa fresca nos llegue muy adentro, a nuestra propia imaginación.


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